Cuando alguien decide poner en orden sus finanzas, una de las primeras preguntas suele ser:

¿en qué debería invertir?

CETES, ETFs, bienes raíces, un PPR, acciones, fondos de inversión… Y sí, invertir es importante. Pero probablemente no debería ser el primer paso.

Imagina que tienes $200,000 invertidos, pero no cuentas con un seguro de gastos médicos y mañana necesitas una cirugía de $800,000. O que tienes un excelente portafolio de inversión, pero dos hijos dependen económicamente de ti y tu familia perdería prácticamente todos sus ingresos si fallecieras.

En ambos casos tienes inversiones, pero tu situación financiera sigue siendo extremadamente vulnerable.

Una estrategia financiera completa se puede entender mejor como una pirámide. Cada nivel se construye sobre el anterior y tiene una función diferente:

  1. Seguros
  2. Fondo de emergencia
  3. Inversiones de corto y mediano plazo
  4. Fondo para el retiro
  5. Planeación sucesoria

No significa que necesariamente tengas que terminar un nivel al 100% antes de poner un peso en el siguiente. En la vida real, varias cosas suceden simultáneamente. Puedes estar formando tu fondo de emergencia mientras haces aportaciones para el retiro, por ejemplo.

Lo importante es entender las prioridades.

Nivel 1. Seguros – Protege lo que todavía no puedes pagar tú mismo

La base de la pirámide son los seguros.

Y hay una razón muy sencilla para ponerlos antes que las inversiones: existen riesgos que pueden representar varios años, o incluso décadas, de tus ingresos.

Puedes ahorrar para cambiar las llantas del coche. No necesariamente puedes ahorrar para una hospitalización de varios millones de pesos que sucederá mañana.

La función del seguro es transferir esos riesgos.

¿Cuánto seguro de vida necesitas?

Un error común es elegir la suma asegurada empezando por el producto.

La pregunta debería ser exactamente al revés:
¿Cuál sería el problema financiero que dejaría mi fallecimiento y cuánto dinero se necesitaría para resolverlo?

Una persona con dos hijos pequeños, por ejemplo, debería considerar cuántos años seguirán dependiendo económicamente de ella. No basta con pensar en la universidad. Durante esos años habrá que pagar comida, ropa, transporte, colegiaturas, actividades y todos los demás gastos asociados con mantener una familia.

También hay que considerar la vivienda. Si la familia vive en una propiedad rentada, ¿cuántos años de renta deberían contemplarse? Si existe una hipoteca, ¿quedaría dinero suficiente para liquidarla o continuar pagándola?

Después vienen las deudas, otros compromisos financieros y el patrimonio que ya existe.

Por eso dos personas que ganan exactamente lo mismo pueden necesitar sumas aseguradas completamente diferentes.

Y aquí sucede algo que inicialmente puede parecer contradictorio: frecuentemente necesitamos más seguro de vida cuando somos jóvenes.

Pensemos en alguien de 35 años con dos hijos pequeños, una hipoteca y apenas $500,000 acumulados entre ahorros e inversiones. Podría necesitar una suma asegurada de varios millones de pesos.

Veinte años después, la situación puede ser completamente diferente. Los hijos ya terminaron la universidad y son independientes. La casa está pagada. Además, durante esas dos décadas la persona construyó un portafolio considerable de inversiones.

Ahora el problema financiero provocado por su fallecimiento es mucho menor.

Por eso una estrategia puede ser utilizar un seguro de vida temporal durante los años de mayor necesidad y, simultáneamente, invertir. Conforme aumenta el patrimonio y desaparecen responsabilidades, la necesidad de protección disminuye.

A los 35 podrías necesitar $10 millones de seguro porque prácticamente no tienes patrimonio. A los 50 quizá necesitas $5 millones. A los 60, tal vez solamente una suma pequeña que cubra los últimos años antes del retiro.

Y eventualmente puedes llegar al punto en el que tu propio patrimonio haga innecesaria esa protección temporal.

El seguro hizo su trabajo: protegerte mientras construías el dinero que todavía no tenías.

No olvides la invalidez

Cuando hablamos de seguro de vida tendemos a concentrarnos en el fallecimiento, pero hay otro riesgo que puede ser financieramente igual o incluso más complicado: una invalidez.

Si falleces, tus ingresos desaparecen.

Si sufres una invalidez permanente, tus ingresos también podrían desaparecer, pero tú sigues necesitando vivienda, comida, servicios, atención médica y dinero para vivir durante décadas.

Por eso la cobertura por invalidez debería formar parte del cálculo y no ser simplemente un beneficio adicional al que nadie presta atención.

Familia feliz que representa la protección económica que puede brindar un seguro de vida.

Con el seguro de gastos médicos sucede algo diferente

El seguro de gastos médicos tiene una dinámica interesante porque, a diferencia del seguro de vida temporal, normalmente se vuelve más importante mantenerlo conforme envejecemos.

Cuando eres joven, generalmente tienes menos patrimonio. Por eso contratar un deducible gigantesco solamente para conseguir una prima barata puede ser una pésima idea.

Un deducible de $200,000 puede parecer atractivo en la cotización hasta que realmente necesitas utilizar el seguro y descubres que no tienes $200,000 disponibles.

Con los años, la estrategia puede cambiar.

Supongamos que comienzas con un deducible relativamente bajo y simultáneamente construyes inversiones. Dentro de esas inversiones puedes crear un fondo específicamente destinado a gastos médicos futuros.

Después de 20 o 30 años podrías tener suficiente patrimonio para absorber $200,000, $300,000 o incluso más sin poner en riesgo tus finanzas.

Esto resulta especialmente útil porque las primas del seguro de gastos médicos aumentan bastante con la edad.

Entonces puedes hacer algo que probablemente era imposible cuando tenías 30 años: asumir tú mismo una parte mayor del riesgo y utilizar el seguro principalmente para eventos realmente catastróficos.

No se trata de llegar a viejo esperando encontrar un seguro barato. Se trata de llegar con suficiente patrimonio para poder seguir pagando el seguro cuando inevitablemente deje de ser barato.

Botiquín rojo con billetes que representa la protección financiera de un seguro de gastos médicos.

Nivel 2. Fondo de emergencia – Dinero para cuando la vida se atraviesa

Una vez cubiertos los riesgos que podrían destruir tus finanzas, necesitamos resolver los problemas menos dramáticos pero mucho más frecuentes.

Para eso existe el fondo de emergencia.

  • Te quedaste sin trabajo
  • Se descompuso el coche
  • Hay que hacer una reparación urgente en casa
  • Tuviste un gasto familiar que simplemente no estaba presupuestado

Ninguno necesariamente justifica contratar un seguro, pero tampoco queremos terminar pagando intereses de tarjeta de crédito o vendiendo inversiones de largo plazo cada vez que algo sale mal.

El fondo de emergencia compra algo muy valioso: tiempo.

Y precisamente por eso este dinero no debería perseguir el máximo rendimiento posible — necesita estar disponible.

Puede mantenerse en una combinación de cuentas bancarias, CETES de corto plazo, fondos de deuda con alta liquidez u otros instrumentos apropiados para este objetivo.

¿Cuánto necesitas? No existe una cantidad universal. Una persona con sueldo estable, pocas responsabilidades y gastos bajos puede necesitar mucho menos que un profesionista independiente con hijos y un ingreso extremadamente variable.

Lo importante es que sea suficiente para enfrentar una emergencia razonable sin destruir el resto de tu estrategia.

Frasco con dinero ahorrado que representa un fondo de emergencia para enfrentar gastos inesperados.

Nivel 3. Inversiones – Ahora sí, pon tu dinero a trabajar

Llegamos finalmente a la parte que muchas personas quieren hacer desde el principio: Invertir.

Pero ahora llegamos con una situación completamente diferente.

Los grandes riesgos están asegurados. Tenemos liquidez para enfrentar imprevistos. Ya no necesitamos vender nuestras inversiones cada vez que el coche decide hacer un ruido nuevo y carísimo.

Ahora podemos darle una función específica al dinero. Porque tampoco existe una única “mejor inversión”, existe una inversión adecuada para un objetivo determinado.

Fondo para comprar una casa

Si quieres comprar una propiedad dentro de tres años, puedes construir un fondo para el enganche, gastos notariales, mudanza y otros costos relacionados.

Como ese dinero tiene una fecha relativamente cercana para utilizarse, probablemente no quieras exponerlo completamente a activos extremadamente volátiles.

Fondo para iniciar un negocio

Emprender requiere capital y, dependiendo del negocio, pueden pasar meses o años antes de generar un flujo suficiente.

Crear ese fondo con anticipación permite iniciar un proyecto sin poner en riesgo tu fondo de emergencia ni financiar toda la operación con deuda.

Fondo para gastos médicos

Este fondo merece su propia categoría.

Mientras eres joven puedes comenzar a acumular dinero que eventualmente te permita aumentar el deducible de tu seguro de gastos médicos.

No tiene que suceder mañana, tienes décadas para construirlo.

La finalidad es que cuando las primas sean más altas por tu edad, tengas la capacidad económica de asumir gastos médicos pequeños y medianos mientras conservas el seguro para los eventos verdaderamente grandes.

Fondo para otros gastos

También puedes crear inversiones para la educación de tus hijos, comprar un automóvil, viajar o cualquier otro objetivo importante.

Lo esencial es separar mentalmente —y preferentemente también financieramente— los objetivos.

El dinero que necesitarás dentro de dos años no debería administrarse igual que el dinero que utilizarás dentro de veinte.

Frascos con cantidades crecientes de monedas y una planta que representan el crecimiento de las inversiones a través del tiempo.

Nivel 4. Retiro – Construir un patrimonio que pueda pagarte un sueldo

El retiro es diferente a casi todos los objetivos anteriores.

Cuando ahorras para un coche, eventualmente compras el coche.

Cuando ahorras para una casa, eventualmente compras la casa.

Cuando inviertes para el retiro, estás construyendo un patrimonio que tendrá que financiar una parte importante del resto de tu vida.

Ya no quieres comprar una cosa — quieres comprar tiempo.

Por eso un fondo de retiro no debería calcularse simplemente pensando en una cifra que “suena grande”. Un millón de pesos puede parecer muchísimo dinero hasta que intentas vivir 25 años con él.

La pregunta relevante es cuánto necesitarás gastar cada año, durante cuánto tiempo y qué parte de esos gastos podrá financiar tu patrimonio sin agotarse demasiado pronto.

Y aquí aparece nuevamente algo que estaba desde la base de nuestra pirámide: la salud.

Tu presupuesto de retiro no solamente tendrá que pagar comida, vivienda, viajes y entretenimiento. También deberá considerar consultas, medicamentos, tratamientos, deducibles y la prima de tu seguro de gastos médicos.

Esto es especialmente importante porque precisamente cuando dejas de trabajar es cuando mantener la cobertura médica puede resultar más costoso.

La estrategia completa empieza entonces a cerrar el círculo.

El seguro que contrataste cuando eras joven protegió tu capacidad de construir patrimonio. El patrimonio que construiste durante tu vida te permite conservar tu seguro cuando eres viejo.

Una mano sostiene un reloj y otra sostiene dinero para representar la importancia de construir un fondo para el retiro.

Nivel 5. Sucesión – ¿Qué sucede con el dinero que no alcanzaste a gastar?

Si hiciste correctamente los cuatro niveles anteriores, eventualmente puedes enfrentarte a un problema bastante agradable: Tienes más dinero del que probablemente vas a gastar.

Bienvenido al último nivel de la pirámide.

La planeación sucesoria consiste en decidir qué sucederá con ese patrimonio cuando tú ya no estés.

Y aquí no solamente importa cuánto dinero dejas. Importa quién lo recibe, cómo lo recibe, cuánto tarda en recibirlo, qué trámites tendrá que realizar y cuál será el tratamiento jurídico y fiscal de cada activo.

Una cuenta bancaria, una propiedad, una cuenta en una casa de bolsa y un seguro de vida no necesariamente se transmiten de la misma manera.

Por eso, cuando el patrimonio ya es considerable, también puede tener sentido utilizar vehículos diseñados pensando en beneficiarios y sucesión.

Una alternativa es OptiMaxx Elite de Allianz.

Aunque económicamente funciona como un vehículo de inversión con acceso al capital, jurídicamente está estructurado mediante un seguro de vida. Esto permite designar beneficiarios y aprovechar el tratamiento aplicable a este tipo de contratos, sujeto a las condiciones fiscales y legales correspondientes.

En esta etapa ya no estamos preguntándonos solamente:

¿Cómo genero más rendimiento?

También queremos saber:

¿Cómo quiero que llegue este patrimonio a las personas que yo elija?

Es un problema que probablemente no necesitas resolver cuando tienes 25 años y $30,000 ahorrados.

Pero si hiciste bien todo lo anterior, puede convertirse en una de las decisiones financieras más importantes de tus últimos años.

Rico McPato sobre una ola de billetes y monedas de oro que se dirige hacia sus sobrinos, representando la transferencia del patrimonio a los beneficiarios.

La pirámide cambia conforme envejeces

Esta es quizá la parte más interesante de todo el modelo. Tu estrategia financiera no debería verse igual a los 30 que a los 60 años.

Una persona joven tiene mucho capital humano —décadas futuras de trabajo e ingresos— pero poco capital financiero. Por eso necesita transferir muchos riesgos mediante seguros.

Conforme pasan los años sucede lo contrario. Tu patrimonio aumenta, tus hijos dejan de depender de ti, terminas de pagar la casa y tus inversiones pueden comenzar a sustituir algunas funciones que anteriormente cumplían los seguros.

Un seguro de vida temporal de $10 millones podría ser indispensable a los 35 y completamente innecesario a los 65.

Con gastos médicos, en cambio, la necesidad de protección permanece precisamente cuando el riesgo y las primas aumentan.

Por eso todo está conectado.

No deberías analizar tu seguro de vida por un lado, tus inversiones por otro y tu retiro en una tercera conversación completamente independiente. Son piezas del mismo plan.

Niña columpiándose sobre la manecilla de un reloj que representa cómo las necesidades financieras cambian con el paso del tiempo.

No empieces por el producto, empieza por el problema

No necesitas contratar un seguro simplemente porque alguien te dijo que “hay que estar protegido”.

Tampoco necesitas abrir un PPR porque escuchaste que puedes deducir impuestos.

Y definitivamente no necesitas comprar una inversión solamente porque alguien publicó en redes sociales que está dando excelentes rendimientos.

Primero hay que entender qué problema estás tratando de resolver.

  • ¿Qué ocurriría financieramente si falleces mañana?
  • ¿Qué sucedería si no puedes trabajar?
  • ¿Puedes pagar el deducible de tu seguro?
  • ¿Cuántos meses puedes vivir sin recibir ingresos?
  • ¿Qué quieres comprar durante los próximos cinco o diez años?
  • ¿Cuánto necesitas acumular para dejar de trabajar?
  • ¿Y qué quieres que suceda con el patrimonio que quede cuando mueras?

Cuando puedes responder esas preguntas, elegir productos financieros se vuelve muchísimo más sencillo.

Ese es el verdadero objetivo de la pirámide:

  1. Primero protege
  2. Después construye liquidez
  3. Invierte
  4. Prepara tu retiro
  5. Y finalmente planea tu sucesión

No necesitas construirla en un día, pero sí conviene construirla desde abajo.

En Donna podemos ayudarte. Mándanos un WhatsApp o llena el formulario de tu tema de mayor interés:

Logo de Donna junto a una pirámide que representa la construcción de una estrategia financiera completa.