En papel, el sistema público de salud en México suena bastante bien.

Tienes acceso a consultas, especialistas, estudios, hospitalización, cirugías y medicamentos. Para millones de mexicanos, el IMSS representa además una red de protección que sería imposible sustituir pagando cada atención médica de su propio bolsillo… y eso es real.

Pero una cosa es conocer las prestaciones que ofrece el IMSS y otra muy distinta entender cómo funciona el sistema desde adentro.

Hace poco encontramos el testimonio de un traumatólogo que decidió renunciar al IMSS después de años trabajando simultáneamente en el sector público y en la medicina privada.

Su historia no gira alrededor de una cirugía que salió mal ni de un paciente al que nunca atendieron.

Habla de algo mucho más estructural: los médicos, los recursos y los incentivos que existen dentro del sistema.

Y entender esa parte puede cambiar la forma en la que ves tu propia atención médica.

Trabajar en el IMSS por la mañana y en el privado por la tarde

Durante años, su rutina fue parecida a la de muchos médicos especialistas en México: hospital público por la mañana, consultorio privado por la tarde y cirugías cuando había oportunidad.

Llegar a casa alrededor de las nueve de la noche y repetirlo al día siguiente.

Desde afuera podría parecer simplemente un médico muy trabajador tratando de aumentar sus ingresos. Pero hay un detalle importante: para muchos médicos mexicanos, trabajar cantidades absurdas de horas comienza mucho antes de conseguir una plaza.

Internado, residencia, guardias y jornadas que pueden extenderse durante prácticamente todo el día.

Después de años viviendo así, trabajar 60 o 70 horas semanales puede dejar de parecer extraordinario… hasta que haces las cuentas.

Personajes representando el día y la noche para ilustrar las largas jornadas de los médicos que trabajan en el sector público y privado.

Una cirugía privada podía pagarle lo mismo que un mes en el IMSS

Ese fue uno de los momentos que hizo al traumatólogo cuestionar su situación.

De acuerdo con su testimonio, su sueldo base como especialista en el IMSS era inferior a $13,000 pesos mensuales. Considerando otros conceptos y prestaciones, recibía alrededor de $44,000 pesos al mes.

El problema apareció cuando comparó esa cantidad con lo que podía generar ejerciendo medicina privada. Una sola cirugía podía pagarle aproximadamente lo mismo que todo un mes trabajando en el IMSS.

Y ese mes implicaba jornadas completas, burocracia, listas de espera, recursos limitados y una estructura en la que trabajar más no necesariamente significaba ganar más.

Opera cinco pacientes u opera quince. Haz lo mínimo necesario o esfuérzate muchísimo. La plaza prácticamente no cambia y ahí aparece uno de los grandes problemas de cualquier sistema en el que los incentivos están mal alineados.

Hombre cargando un reloj roto del que caen monedas, representando el costo del tiempo y la diferencia de ingresos entre la medicina pública y privada.

El problema no es que los médicos sean malos

Cuando una persona tiene una mala experiencia en el IMSS, es muy fácil culpar al médico.

“Ni me revisó.”

“Parecía que tenía prisa.”

“Me despachó en cinco minutos.”

“Ni siquiera me explicó bien qué tenía.”

Por supuesto que existen malos médicos como existen malos profesionistas en cualquier industria. Pero también existe otro problema.

¿Qué sucede cuando colocas a buenos médicos dentro de un sistema con demasiados pacientes, recursos limitados y pocos incentivos para hacer un esfuerzo adicional?

Eventualmente, algunos se van. Otros permanecen por estabilidad. Y otros simplemente aprenden a administrar dónde ponen su energía.

El propio traumatólogo describió una realidad particularmente incómoda: médicos que conservan su plaza, cumplen con lo indispensable en el sistema público y reservan su verdadero esfuerzo para su práctica privada.

No necesariamente porque hayan comenzado su carrera queriendo trabajar así. Sino porque el sistema termina haciendo que esa decisión sea racional.

Estrella de reconocimiento con la frase “Did the bare minimum”, representando los pocos incentivos para hacer más de lo indispensable.

Entonces, ¿por qué un buen médico se quedaría en el IMSS?

Si un especialista puede ganar considerablemente más en la medicina privada, parecería lógico abandonar inmediatamente el sector público. Pero la decisión no es tan sencilla.

Primero está la estabilidad. La plaza significa una quincena segura, vacaciones, aguinaldo, AFORE y otras prestaciones.

También existe un componente cultural que en México conocemos perfectamente. “Tener plaza” sigue siendo visto como haber conseguido algo valioso. Un trabajo seguro, algo que no deberías soltar, algo que incluso tu familia puede presumir.

Pero para este traumatólogo existían dos razones todavía más importantes para quedarse: los casos complejos y la docencia.

Mujer sonriente rodeada de gestos de aprobación, representando el reconocimiento y la estabilidad asociados con tener una plaza en el IMSS.

Hay pacientes que un médico difícilmente verá en un hospital privado

Un gran hospital público recibe una cantidad y variedad de casos extraordinarias.

  • Politraumatizados
  • Fracturas que llevan días sin ser tratadas
  • Lesiones complejas
  • Pacientes que llegan después de que una enfermedad o lesión evolucionó durante demasiado tiempo

Desde la perspectiva de un médico, esos casos pueden ser profesionalmente muy valiosos. Lo obligan a pensar, a resolver problemas, a desarrollar experiencia.

Además, los hospitales públicos son fundamentales para formar a la siguiente generación de médicos. Este traumatólogo también enseñaba a residentes.

Y durante un tiempo, esas dos cosas fueron suficientes para justificar quedarse — hasta que dejaron de serlo.

Frase sobre la enseñanza como una forma de continuar aprendiendo, representando la docencia y formación de residentes en hospitales públicos.

“Ya no estaba haciendo medicina con pocos recursos. Estaba haciendo medicina de hace 15 años”

Este fue el verdadero punto de quiebre. El problema ya no era solamente tener menos recursos que un hospital privado. Era trabajar con tecnología, implantes y técnicas que él consideraba obsoletas.

En su práctica privada había materiales que había dejado de utilizar aproximadamente una década antes y que seguían formando parte de su realidad en el sector público.

¿Por qué? Entre otras cosas, porque las decisiones de compra de una institución pública no funcionan igual que las de un médico eligiendo lo que considera mejor para su paciente.

Existen presupuestos, procesos administrativos y licitaciones. Y el costo importa muchísimo.

Eso también genera otro problema.

Los residentes aprenden utilizando los recursos disponibles. Si esos recursos y técnicas están rezagados, los futuros especialistas pueden terminar aprendiendo procedimientos que posteriormente tendrán que actualizar cuando comiencen a trabajar fuera de ese entorno.

Para un médico que había permanecido en el IMSS parcialmente porque quería aprender y enseñar, eso cambió completamente la ecuación.

Antiguo anuncio de gotas de cocaína para el dolor de muelas, utilizado para representar técnicas y recursos médicos que han quedado obsoletos.

El costo que tampoco aparece en la nómina

Su cuerpo.

A los 34 años, el traumatólogo afirma que ya tenía dos hernias discales.

Años operando de pie, cargando pacientes, durmiendo poco y acumulando guardias terminaron pasando factura. Hay una ironía bastante cruel en que un traumatólogo termine convirtiéndose en su propio paciente.

Pero también existe una lección importante. Cuando pensamos en las limitaciones del sistema público normalmente hablamos de dinero, camas, medicamentos, citas o equipo.

Rara vez pensamos en el desgaste de las personas que mantienen funcionando ese sistema.

Un médico agotado sigue siendo un médico agotado, independientemente de qué tan preparado esté y eventualmente eso importa también para el paciente.

Ilustración de hernias de disco en la columna vertebral, representando el desgaste físico que pueden sufrir los médicos por largas jornadas de trabajo.

¿Qué pasó cuando renunció?

Su ingreso total no disminuyó. Sus horas de trabajo sí.

De acuerdo con su relato, pasó de trabajar aproximadamente 70 horas semanales a unas 45. Y en lugar de llegar a casa alrededor de las nueve de la noche, podía terminar su jornada aproximadamente a las tres de la tarde.

En otras palabras, para él dejar el sistema público no significó sacrificar ingresos — significó recuperar tiempo.

Eso explica parte de un fenómeno que afecta directamente a los pacientes. Cuando un médico experimentado descubre que puede ganar lo mismo o más trabajando menos horas fuera del sistema público, ¿qué incentivo tiene para quedarse?

La respuesta muchas veces termina siendo estabilidad, vocación, docencia o compromiso personal. Y depender únicamente de esas razones para retener talento tiene límites.

Imagen con las frases “More time” y “More money”, representando la posibilidad de trabajar menos horas sin sacrificar ingresos.

¿Significa que el IMSS no sirve?

No.

Y sería absurdo llegar a esa conclusión a partir del testimonio de una sola persona.

El IMSS atiende a millones de mexicanos y realiza todos los días consultas, tratamientos y procedimientos que muchas familias jamás podrían pagar por su cuenta. Para muchísimas personas, no tenerlo sería considerablemente peor que tenerlo.

También existen excelentes médicos dentro del sistema público.

El problema es confundir dos afirmaciones completamente distintas:

“El IMSS puede atenderme.”

y

“Voy a recibir exactamente la atención que quiero, cuando la quiero, con los recursos que quiero y por el médico que quiero.”

No son lo mismo.

Tener derecho a recibir atención médica no elimina las limitaciones de capacidad, presupuesto, tiempo, infraestructura o personal.

Mujer con expresión de indiferencia, representando una opinión crítica sobre las limitaciones del IMSS sin afirmar que el sistema sea inútil.

El verdadero problema aparece cuando necesitas atención AHORA

Mientras estás sano, las diferencias entre sistemas parecen abstractas.

  • ¿Qué importa esperar para conseguir una cita con un especialista si no necesitas una?
  • ¿Qué importa qué hospital puedes utilizar si nunca te hospitalizan?
  • ¿Qué importa cuánto tarda una cirugía si nunca necesitas una?

El problema comienza cuando algo efectivamente sucede.

Te lesionas, te encuentran una masa, necesitas una resonancia, tu hijo requiere un especialista, un médico te recomienda cirugía. En ese momento, el tiempo deja de ser una comodidad y se convierte en parte de la atención médica.

Y es precisamente ahí donde tener alternativas puede hacer una diferencia enorme.

Reloj acompañado de la frase “Leverage your time”, representando la importancia de planear la atención médica antes de necesitarla urgentemente.

Tener IMSS y tener un seguro de gastos médicos no son ideas opuestas

Este es un error bastante común.

“¿Para qué quiero un seguro si ya tengo IMSS?”

Porque resuelven problemas diferentes.

El IMSS puede funcionar como una red de protección extremadamente importante.

Un seguro de gastos médicos mayores privado puede darte algo adicional: opciones.

Dependiendo del seguro contratado, puedes tener acceso a hospitales privados, especialistas fuera del sistema público, diferentes alternativas de tratamiento y mayor control sobre dónde y con quién atenderte.

Tiene deducibles, coaseguros, periodos de espera, exclusiones, redes hospitalarias y condiciones que debes entender antes de contratarlo pero te permite tener otra puerta.

Y cuando realmente necesitas atención médica, tener más de una puerta puede ser muchísimo más importante de lo que parecía cuando estabas sano.

Meme con la frase “Not mutually exclusive”, representando que tener IMSS y un seguro de gastos médicos privado son opciones compatibles.

Público o privado no es realmente la pregunta

La discusión suele convertirse en:

“¿Qué es mejor, IMSS o privado?”

Pero esa pregunta simplifica demasiado el problema.

Una mejor pregunta sería:

¿De qué opciones quiero disponer cuando tenga un problema médico serio?

Puedes depender exclusivamente del sistema público.

Puedes pagar atención privada directamente de tu bolsillo.

Puedes combinar IMSS con un seguro de gastos médicos mayores.

O puedes construir otra estrategia dependiendo de tus ingresos, patrimonio y tolerancia al riesgo.

Cada alternativa tiene ventajas, costos y limitaciones.

Lo importante es entenderlas antes de necesitarlas. Porque el peor momento para descubrir cómo funciona tu sistema de salud es cuando ya estás enfermo.

Gráfica de análisis costo-beneficio, representando la comparación entre las distintas alternativas disponibles para recibir atención médica en México.

La historia de este médico dice mucho más que cuánto paga el IMSS

Es fácil leer su historia y quedarse únicamente con el dato llamativo: una cirugía privada podía pagarle aproximadamente lo mismo que un mes trabajando en el IMSS.

Pero el problema interesante está detrás de ese número.

  • ¿Qué sucede con un sistema cuando algunos de sus médicos más experimentados tienen incentivos económicos y profesionales para dedicar su tiempo a otro lugar?
  • ¿Qué sucede cuando quienes permanecen trabajan con recursos limitados?
  • ¿Y qué significa todo eso para el paciente que depende exclusivamente de ese sistema?

El IMSS sigue siendo una pieza fundamental del sistema de salud mexicano, pero reconocer su importancia no significa ignorar sus limitaciones.

Puedes agradecer tenerlo y al mismo tiempo decidir que quieres otras opciones.

De eso se trata realmente un seguro médico privado. No de apostar a que el IMSS va a fallar sino de evitar que una sola institución sea tu única alternativa cuando tu salud está en juego.

En Donna podemos ayudarte a comparar seguros de gastos médicos mayores y entender qué alternativas tienen sentido según tu presupuesto, edad y necesidades.

Si estás listo para iniciar, llena este formulario o mándanos un WhatsApp empecemos hoy!

Logo de Donna junto a un médico revisando a un paciente durante una consulta.